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La fragilidad financiera no es solo un problema de ingresos bajos

Marina Elizalde · 20 de agosto de 2026

La intuición común asocia la incapacidad de cubrir un gasto imprevisto con ingresos bajos. La investigación de la economista Annamaria Lusardi junto a Daniel Schneider y Peter Tufano, publicada en 2011 en Brookings Papers on Economic Activity bajo el título "Financially Fragile Households: Evidence and Implications", complica esa intuición: encontró que la fragilidad financiera también aparece en hogares de ingreso medio.

Cómo se midió

Los autores usaron una encuesta aplicada por la firma TNS Global en varios países, con una pregunta directa: qué tan seguro está el encuestado de poder reunir 2.000 dólares (o el equivalente en su moneda) si surgiera una necesidad imprevista dentro de los próximos 30 días, ya sea con ahorros, pidiendo prestado o vendiendo algo. Una proporción importante de los encuestados en Estados Unidos, incluidos muchos con ingresos por encima del umbral de pobreza, respondió que probablemente o con certeza no podría reunir esa suma.

Por qué no es solo cuestión de cuánto se gana

El estudio encontró que el nivel de ingreso predecía la fragilidad financiera, pero de forma incompleta: variables como el nivel educativo, la volatilidad del ingreso mes a mes y los gastos fijos comprometidos explicaban una parte adicional del resultado que el ingreso promedio, por sí solo, no explicaba. Un hogar con ingreso medio pero con gastos fijos altos y sin colchón de ahorro puede reportar la misma fragilidad que un hogar de ingreso más bajo con menos compromisos fijos.

Esto conecta con otra línea de investigación, la del JPMorgan Chase Institute sobre volatilidad de ingresos a partir de datos bancarios agregados: muchos hogares (incluidos los de ingreso medio) experimentan variaciones considerables en su ingreso mensual, no solo en su nivel promedio anual. Un ingreso promedio "suficiente" puede convivir con meses puntuales de escasez si ese ingreso no llega de forma pareja.

Los límites de esta medición

La pregunta de Lusardi, Schneider y Tufano mide una percepción de confianza ante un escenario hipotético, no una prueba real de si la persona efectivamente podría reunir el dinero. Es posible que algunas personas subestimen su capacidad real, o que otras la sobreestimen sin haberla puesto a prueba nunca. Además, la encuesta original se apoyó en paneles de TNS Global cuya composición no es idéntica entre países, lo que limita cuánto puede compararse el resultado exacto de una nación con otra más allá de la tendencia general.

Otra limitación es geográfica: la comparación internacional de la encuesta cubrió un grupo reducido de países, en su mayoría de ingresos altos. Eso deja abierta la pregunta de si el mismo patrón se sostiene en economías con estructuras de crédito informal, redes familiares de apoyo o sistemas de protección social distintos a los de esos países, donde la manera de "reunir dinero rápido" ante un imprevisto puede no pasar por una cuenta bancaria en absoluto.

Qué queda del hallazgo

Incluso con esas limitaciones, el patrón central (que la fragilidad financiera no se explica solo por el nivel de ingreso) se sostuvo en análisis posteriores que usaron la misma pregunta en distintas poblaciones. Sugiere que la estabilidad de cuándo y cómo llega un ingreso importa tanto como cuánto ingreso hay, en promedio, a lo largo de un año. Para economías con alta proporción de trabajo informal, la pregunta relevante no es solo cuánto gana un hogar en promedio, sino con qué regularidad ese ingreso llega y qué tan lejos alcanza una red de respaldo cuando no llega a tiempo.